Los fertilizantes son sustancias orgánicas e inorgánicas que se utilizan en la actividad agrícola para proveer los nutrientes que los cultivos necesitan, a través del mejoramiento de las condiciones de la tierra. La fertilización de la tierra se lleva a cabo con la utilización de fertilizantes orgánicos e inorgánicos.

Dentro de los fertilizantes orgánicos están los de origen animal, como el guano y el estiércol; y los de origen vegetal, como los abonos verdes y el compost; este último se obtiene de restos vegetales y otras materias orgánicas sometidas a un proceso de compostaje.

Por su parte, los fertilizantes inorgánicos se obtienen mediante un proceso industrial. Dependiendo del número de elementos nutritivos que contengan, se clasifican en abonos minerales simples y abonos minerales complejos. Se denominan abonos minerales simples a los que contienen solo un nutriente primario. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2002), los nutrientes primarios son el nitrógeno, el fósforo y el potasio.

De otro lado, los abonos minerales complejos son aquellos que contienen más de un nutriente simple (multinutrientes), ya sea nitrógeno (N), fósforo (F) y potasio (K). Su utilización permite la fertilización equilibrada en la medida que el nitrógeno, fosfato y potasio se encuentran disponibles desde el inicio y de acuerdo con los requerimientos de las plantas (FAO, 2002).

A pesar de que los fertilizantes orgánicos mejoran las condiciones del suelo, la FAO (2002) reconoce que la materia orgánica por sí sola no es suficiente para lograr el nivel de producción que el agricultor desea, razón por la cual la agricultura requiere adicionalmente el aporte nutricional de fertilizantes inorgánicos.

Fuente: Marco orientador de cultivos – Campaña Agrícola 2022/2023; Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego.

Deja un comentario